A mí nunca me han gustado mucho las ciudades, supongo que es porque nunca he vivido en una grande. En España vivía en una Urbanización (Can Sola), en Dublín bueno Dublín es pin pon como dice mi madre y en Australia estoy a tres horas en tren de Sydney.
Pero esta vez es diferente llevo 3 meses encerrada en un tipo de cúpula, no tengo noticias de nadie, así que tengo ganas de ir a la ciudad aunque sea Honiara.
Es domingo ya tenemos las maletas preparadas y estoy muy emocionada porque nos vamos, porque voy a tener noticias de mi familia y porque voy a comerme un montón de ¡huevos! Y pizzas. Pues de los 3 meses que llevamos en Susuka solo nos hemos comido un huevo hervido cada uno que nos lo comíamos como una delicadez, despacito un poquito de sal, era como comer chocolate esperar a que el huevo se derritiera en la boca. Me estoy volviendo loca, no lo sé…
Empecemos a despedirnos de la gente, que esa mañana no nos dimos el paseo por la playa como hacemos cada mañana.
Mientras esperábamos me di cuenta de algo que se me quitaron las ganas de ir me de Susuka, pues era que aunque nos íbamos del pueblo aun estamos en el país, tal vez suene mal pero es que llevo tres meses pidiendo permiso para cualquier cosa, tener cuidado con lo que digo (palabrotas) no poder tocar a Stephen en público (ni una caricia) y en Honiara no es tan estricto pero, no lo puedes hacer ya que te miran mal. Volví a pensar en mi familia, huevos y pizza y me volvieron las ganas.
Teníamos el transporte organizado del día de antes. Estuvimos hablando con el conductor del barco que era de otro pueblo, nos hizo un precio y Stephen empezó a hablarme en español para ver si rebajaba. Pero de paso yo pregunte de donde era ya que nunca lo había visto en Susuka y Stephen me dijo que vivía en el mismo pueblo de donde vive un hombre que quiere echar a Stephen de la isla. Yo empecé a sospechar, pues ya me podía imaginar al hombre tirándonos por la borda en medio del mar o cerca de los cocodrilos. Le dije a Stephen que hablara con Biliki que el también estaba con nosotros negociando el precio del barco. Lo hizo y Biliki le dijo que no había que preocuparse aunque el conductor era FAMILIA del hombre ese. Stephen acepto ¿Por qué no?
En fin volviendo al día que nos íbamos el hombre dijo que vendría a las 9am. ¿Qué paso? Que no apareció, así que había que organizar otro barco, dio la casualidad que había otro, uno de los profesores iba a taro por asuntos del colegio así que podíamos ir con él.
Salimos de Susuka a las 4 más o menos.
Paremos para coger combustible y mientras esperábamos que estábamos en el barco, yo, Stephen y un chico que aguantaba el barco para que no se fuera a la orilla pero tampoco que se alejara mucho, decidió empezar una conversación. Normalmente cuando empiezas una conversación empiezas… por ejemplo: ¿De dónde sois? O ¿A dónde vais?...
Pues él dijo: cuando yo era pequeño me secuestraron y luego me vendieron en Choiseul, yo soy de Malaita.
Yo pensamiento: ¿he!?
Chico al ver mi cara: ¿Qué en tu país no venden a gente?
Yo: No.
Yo flojito: Stephen ¿ha dicho que es un esclavo?
Stephen: ¡No! Que va, ha dicho que él se vende porque trabaja para la compañía de madera.
Silencio un poco incomodo porque no sabía lo que pasaba. El chico vio que no había quedado claro porque no seguíamos hablando así que lo volvió a repetir y mire a Stephen y le dije: ves yo lo había entendido. Entonces Stephen se quedo parado.
Hablemos un poco del tema, decía que el, que le había comprado ahora era su padre y que no sabía cómo volver a Malaita, supongo que no sabe dónde está su familia. Tenía que tener unos 26 años. Por fin trajeron el combustible ya que me estaba achicharrando de estar debajo del sol y la conversación empezó a ser un poco más rara ya que Stephen dice que el chico intentaba ligar conmigo.
El chico bajo del barco cuando trajeron el combustible. Subió el profesor, el conductor bastante gordo y otro hombre que Stephen tenía que pagar una parte del combustible (que luego este decidió bajarse en unos de los pueblos sin decir a los demás que Stephen le había dado el dinero). Nos fuimos para Taro que de camino hicimos unas cuantas paradas, nos llovió y vimos otra vez a niños bailar y bañarse en la playa.
Cuando lleguemos a Taro era de noche que busquemos el hostal enseguida y nos dio la bienvenida el dueño que conocíamos y estaba bastante borracho. Cuando nos fuimos a la cama estuvo casi toda la noche chillando como un loco sin motivo y chillando a su mujer porque ella le regañaba por beber.
Al día siguiente por fin cogimos el avión para la Ciudad.

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