jueves, 5 de enero de 2012

SUSUKA

Pues ya nos vamos para Susuka y no hemos podido quedar con el alemán ya que no habido tiempo de organizarlo.
El mismo día que dijimos a los del pueblo que íbamos a llegar a Susuka teníamos que buscar transporte.
Cuando habíamos llegado a Taro Stephen había enviado tres cartas a Susuka para decir que llegaba al pueblo, lo hizo porque se lo dijeron.
Sabíamos que tal vez iba ha haber un barco que iba a Susuka pero tal vez no íbamos a llegar el mismo día si no al día siguiente y eso no nos interesaba, pero salió otro barco que iba a Susuka ya que la compañía de cortar madera llamo a uno de los del pueblo que necesitaba transporte así que podíamos subir en el barco.
Lo carguemos todo el barco, dos maletas grandes, tres mochilas pequeñas, arroz, fideos, atún y una batería de coche ya que hay que recargar el ordenador. Listos así que allí vamos. De camino hacia Susuka estaba un poco asustada ya que al trabajar en un avión nos conciencian mucho que no se puede fumar cerca del combustible y el que nos llevaba era peor que mi abuelo cigarro tras otro que se encendía al lado de dos garrafas de combustible. A medio camino nos paremos en un pueblo para dar arroz que llevaba el conductor y había como mas de 15 niños mirándonos y señalándonos con el dedo ya que somos blancos. Eran muy divertidos y graciosos y dos de ellos tenían unos cangrejos y me dio por señalarles con el dedo y decirle a Stephen: ¡Mira lo que tiene! Y se pusieron a bailar con los cangrejos y a reírse como locos. Nos fuimos de allí y contri más nos alejábamos mas bailaban los niños.
El mar estaba tranquilo pero llovía un poco, suerte tenía el chaleco salvavidas así que me protegía el pecho. Nos volvimos a parar para recoger a los hombres que trabajan para la compañía de madera en un barco enorme en medio del mar, nos pusimos al lado del barco que el mar nos empujaba hacia un lado y el otro y mas de una vez nos chocábamos con el barco enorme, era un poco acojonante, ya que nuestro barco se volcaba bastante y el conductor, su ayudante y Stephen tenían que empujar para no chocarse tanto pero al mismo tiempo había que estar cerca para que pudieran subir los tres hombres que íbamos a buscar. Bajaron unas escaleras de metal muy grandes y los hombres saltaron a la barca y seguimos nuestro camino.
Durante todo el trayecto yo esperaba ver delfines o algún pez interesante pero nada, hasta que…. el conductor dijo mira un tiburón…. No os flipéis era uno chiquito como el que salvemos Stephen y yo en Australia, pero como el agua era cristalina se veía muy bien cuando nadaba y era muy bonito.
Cada vez que pasábamos un pueblo algún niño estaba pescando, nadando o alguien remando en una canoa de madera nos saludaba con la mano bien abierta.
Al rato uno de los que recogimos le dijo a otro ¿y este pueblo como se llama? Ya que era como un juego todo el rato se iban diciendo los nombres de los pueblos pero ese no lo sabía, Y el otro dijo: SUSUKA.
Por fin llegamos después de unas 4 horas en una lancha pequeña almenas el motor no fallo en ningún momento como cuando fuimos a la cascada.
Se acerco un hombre muy grande y nos dio la bienvenida, este hombre me entere más tarde que era el director de la escuela. También se acercaron un montón de niños que nos ayudaron a llevar las cosas aunque pesaran.  Nos llevaron a una casa y estábamos esperando allí al dueño de la casa que estaba en otro lado así que nos ves a mí y a Stephen sentados y delante de nosotros un grupo de niños mirándonos de arriba abajo sin cortarse ni un pelo, fijamente debajo de la lluvia.
Cuando era pequeña eso me daba mucha rabia que siempre se lo decía a mi madre y mi madre me decía: Pues mírale tú también hasta que uno de las dos se canse, así que lo hacía y casi siempre ganaba. Pero en este caso es un poco diferente ya que son como unos 10 niños mirándote como un bicho raro.

Por fin llego el dueño de la casa y nos abrió la puerta y dio la bienvenida a Susuka, dijo que la comunidad había decidido que nos quedáramos en su casa ya que aquí todo lo tiene que decidir la comunidad tú no puedes decidir nada antes de consultar con ellos.
Al rato vino su mujer que estaba toda tímida y preocupada que no me iba a gustar la casa o el pueblo o que no tuviera mis lujos.
Más tarde cuando estábamos sentado hablando del viaje y como nos íbamos a organizar con la comida y cosas de cada día se presento una chica de unos 25 años con una bolsa llena de cosas en la cabeza y con dos niñas pequeñas una de unos 11 años y la otra de 12 o 13 años. Estaban muy contentas de vernos ya que Stephen cuando vino la otra vez ya había conocido a esta chica se llama Hannah la profesora del colegio y Sobrina de Biliki dueño de la casa donde vivimos.
Vivimos con la familia, que está bien porque podemos ver como es todo a primera mano, pero tal vez esta no es una familia típica. Por lo que iba viendo poco a poco.

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